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☦️ ¿Qué pensáis acerca del Cristo? 📜

12 sept
6 min de lectura
☦️ ¿Qué pensáis acerca del Cristo? 📜
Boletín ortodoxo Nro. 917/ Año XIX-16

Domingo 15 Posterior a Pentecostés/ TONO 6

EPÍSTOLA:

2 Corintios 4:6-15

EVANGELIO:

Mateo 22:35-46

COLOR LITÚRGICO: 

Azul

 

La Epístola y el Evangelio de hoy nos conducen al centro de la comprensión cristiana de la existencia humana: nuestra debilidad, la acción de la gracia divina y el misterio de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. San Pablo no presenta la fragilidad humana como una contradicción de la fe, sino como el lugar donde se manifiesta, la salvación procede de Dios y no de nuestras propias fuerzas. Por eso afirma que llevamos “un tesoro en vasos de barro”: el tesoro es la gracia y la vida de Cristo; el barro somos nosotros, criaturas limitadas, heridas por el pecado y sujetas a la muerte. La debilidad humana tiene, por tanto, una raíz ontológica en nuestra condición de criaturas y una dimensión espiritual agravada por el pecado. No somos Dios, ni somos autosuficientes; nuestra existencia depende continuamente del Creador.

 

Esta realidad no significa que Dios haya creado al hombre para la derrota. Al contrario, el hombre fue creado para la comunión con Dios y llamado a participar de su vida por la gracia. Pero el pecado introdujo en nuestra existencia la corrupción, la separación y la muerte. La debilidad que experimentamos —el cansancio, el sufrimiento, la inclinación al pecado, la dificultad para perseverar— nos recuerda que necesitamos al Salvador.  Cuando esta fragilidad es recibida con humildad, deja de alimentar la soberbia y se convierte en ocasión de conversión. El problema no es ser débil; el verdadero peligro es creer que no necesitamos a Dios. San Pablo puede sufrir persecuciones, aflicción y muerte porque sabe que “llevamos siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Cor 4:10). La debilidad, unida a Cristo, se transforma en lugar de manifestación de la vida Divina y aquí aparece el segundo punto fundamental: la acción de las fuerzas increadas de Dios. En la teología ortodoxa, la gracia no debe entenderse simplemente como un favor externo o como una declaración jurídica mediante la cual Dios considera justo al pecador.


La gracia es la verdadera acción vivificante de Dios en nosotros, su presencia y energía Divina comunicada a la criatura. Dios permanece incognoscible en su esencia, pero se comunica plenamente en sus Energías Increadas. Por ellas, el hombre puede participar realmente de la vida de Dios sin convertirse en Dios por naturaleza. Esta distinción, expresada con especial claridad en la teología de San Gregorio Palamás, protege simultáneamente dos verdades: Dios permanece trascendente e incomprensible, y, sin embargo, verdaderamente se hace presente y actúa en nosotros. Cuando San Pablo dice que Dios hizo resplandecer su luz “en nuestros corazones” (2 Cor 4,6), podemos comprender esta expresión dentro de la experiencia ortodoxa de la gracia.

 

Por la vida sacramental, la oración, el arrepentimiento, el ayuno y la comunión con la Iglesia, el hombre se abre a esta acción de Dios. La gracia no elimina nuestra naturaleza; la sana, la fortalece y la conduce hacia su finalidad: la comunión con Dios. Y aquí llegamos al centro de ambas lecturas: Jesucristo. Cuando el Señor pregunta: «¿Qué pensáis acerca del Cristo? ¿De quién es hijo?», no está realizando una simple discusión sobre genealogía. Está conduciendo a sus interlocutores hacia el misterio de su propia identidad. El Mesías es verdaderamente Hijo de David según la carne, pero David, inspirado por el Espíritu Santo, lo llama «Señor»: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha» (Mt 22,44; Salmo 110,1). Cristo es, por tanto, descendiente de David según su humanidad y Señor eterno según su divinidad.

 

Esta es una de las verdades fundamentales de la fe ortodoxa: Jesucristo es una sola Persona, el Hijo eterno de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre. No es mitad Dios y mitad hombre, ni un hombre que posteriormente recibió una dignidad divina. El mismo Hijo eterno asumió verdaderamente nuestra naturaleza humana. Por eso puede morir según la humanidad y vencer la muerte mediante su Divinidad; puede experimentar hambre, cansancio y sufrimiento como hombre, permaneciendo eternamente Dios. La Encarnación permite comprender también nuestra propia debilidad: Cristo no vino a contemplarla desde fuera, sino que asumió nuestra humanidad para sanarla desde dentro.

 

Así, cuando llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, no estamos simplemente imitando externamente sus sufrimientos. Por el bautismo y la vida sacramental somos incorporados a Cristo: morimos y resucitamos con Él. La gracia increada comunica la vida del Resucitado a nuestra humanidad débil, mientras aguardamos la resurrección corporal. Por eso la debilidad no tiene la última palabra. El barro puede ser transfigurado porque el Tesoro que lleva dentro es Cristo mismo. La vida cristiana consiste, entonces, en reconocer humildemente nuestra condición de criaturas, abrirnos a la acción vivificante de las energías increadas de Dios y permanecer unidos a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En Él, nuestra debilidad encuentra su sanación, nuestra naturaleza encuentra su cumplimiento y nuestra muerte recibe la promesa de la Resurrección. La gloria pertenece a Dios, pero su gracia nos hace verdaderamente partícipes de ella.


 La Deposición de la Preciosa Cintura de la Santísima Theotokos

☦️ ¿Qué pensáis acerca del Cristo? 📜

Era una de las tres principales reliquias de Constantinopla asociadas con la vida terrenal de la Madre de Dios; además del Cinturón, en Constantinopla se conservaban la Túnica (o más bien, maphorion) de la Virgen María y el icono de la Madre de Dios Hodegetria, pintado, según la tradición, por el evangelista Lucas. Precisamente la posesión de estas tres santas reliquias fue una de las principales razones para considerar a Constantinopla la ciudad de la Madre de Dios; la expresión "Tu ciudad, oh Theotokos", que se encuentra en muchísimos himnos bizantinos, era sinónimo de la palabra Constantinopla para los bizantinos.

 

Celebrada el 13 de Septiembre en nuestra iglesia ortodoxa, este acontecimiento nos dirige hacia la memoria de una antigua tradición: Antes de su Dormición, la misma virgen María habría confiado la Cinturón a piadosas viudas de Jerusalén, quienes la conservaron de generación en generación hasta llegar a Constantinopla, donde fue depositada durante el reinado del emperador Arcadio (395–408). La reliquia expresa la santidad de aquella que recibió al Verbo en su seno y fue proclamada bienaventurada por «oír la palabra de Dios y guardarla» (Lc 11:28). Su veneración no le atribuye un poder autónomo a la materia, sino que conduce hacia Cristo, recordándonos que la gracia santifica también lo creado. Así, la Iglesia contempla en la Theotokos un signo vivo de fe, pureza, maternidad e intercesión.

 

14 DE SEPTIEMBRE INICIO DE NUEVO AÑO JULIANO.

 

☦️ ¿Qué pensáis acerca del Cristo? 📜

La Iglesia Ortodoxa que conserva el calendario de los Santos Padres comienza el año eclesiástico el 1 de septiembre según el calendario juliano, que en el calendario civil actualmente utilizado corresponde al 14 de septiembre. No se trata, por tanto, de celebrar otro día, sino de conservar el cómputo litúrgico tradicional recibido de la Iglesia.

 

Esta fecha está vinculada históricamente con la Indicción (Ἰνδικτιών), ciclo de quince años utilizado en el Imperio romano y posteriormente en Constantinopla para fines fiscales y cronológicos. La tradición ortodoxa relaciona especialmente su desarrollo con el siglo IV y con el emperador Constantino; las fuentes litúrgicas señalan el año 312 como referencia tradicional para la primera Indicción general.

 

Pero para la Iglesia esta fecha posee un significado mucho más profundo. Según la Santa Tradición, en este día nuestro Señor Jesucristo entró en la sinagoga de Nazaret, tomó el libro del profeta Isaías y proclamó: «El Espíritu del Señor está sobre mí... me ha enviado a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,16-22; cf. Is 61,1-2). La Iglesia contempla en estas palabras la inauguración del tiempo mesiánico: en Cristo comienza verdaderamente el año de la gracia. Por eso conservamos el 1/14 de septiembre: como memoria de la tradición litúrgica de la Iglesia, comienzo de la Indicción y, sobre todo, como invitación a consagrar nuevamente nuestro tiempo a Cristo, Señor de los siglos.

 

Santoral

Domingo 15 Post-Pentecostés/ TONO 6

Domingo 13:

Deposición-preciosa cintura-Theotokos

(Heb 9:1-17/Lc 10:38-42;11:27-28)  

(2 Cor 4: 6-15/Mt 22: 35-46)


INICIO AÑO ECLESIÁSTICO

(1Tim 2:1-7/Lc 4:16-22)


Semana 16 Post-Pentecostés/Tono 6

Lunes 14:

Simeón Estilita (459)/ Josué (Siglo XVI a.C.)

(Gal 4:28-5:10/Mc 6:54-7:8)


Martes 15:

Mamante Mr-275/ Juan ayunador Conspl-395

(Gal 5:11-21/Mc 7:5-16)


Miércoles 16: Antimo Ob-Nicomedia Mr-303/Mr Basilissa-Nicomedia(309)

(Gal 6:2-10/Mc 7:14-24)


Jueves 17:

Babilas Ob-Nicomidia-303/ Moisés ph-XVI.aC

(Ef 1:1-9/Mc 7:24-30)


Viernes 18:

Santa Elizabeth y Zacarías: Padres de Sn Juan Bautista

(Heb 6:13-20/Mt 23:29-39) 

(Ef 1:7-17/Mc 8:1-10)


Sábado 19:

Prodigio de San Miguel Arcángel en Chonae (Colosas)

(Heb 2:2-10/Lc 10:16-21) 

(1Cor 10:23-28/Mt 24:34-44)

 

 
 
 

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