☦️ Madre de Dios de la Pasión 💟

La Страстная икона Божией Матери, conocida en español como la Theotokos de la Pasión o Madre de Dios de la Pasión, pertenece al gran tipo iconográfico de la Odigitria, es decir, aquella en la que la Madre de Dios muestra el camino hacia Cristo. Sin embargo, posee una característica propia que la distingue: junto a la Theotokos y al Niño aparecen los arcángeles portando los instrumentos de la futura Pasión del Señor. Por ello, no se trata simplemente de una representación de la ternura maternal, sino de una contemplación profética del misterio de la Encarnación orientado hacia la Cruz.
Los antecedentes de este ícono pueden encontrarse ya en el arte bizantino del siglo XII, aunque el modelo alcanzó una formulación particularmente definida y una gran difusión en la pintura cretense de los siglos XV y XVI. Uno de sus grandes maestros fue Andreas Ritzos, iconógrafo cretense activo en la segunda mitad del siglo XV. Una de las obras atribuidas a él, conservada en el Museo de Arte de la Universidad de Princeton, está fechada a finales del siglo XV y representa precisamente a la Virgen de la Pasión con los arcángeles Miguel y Gabriel. El Museo Pushkin de Moscú conserva asimismo una copia atribuida a Ritzos o a su círculo.
La historia del icono ruso Страстная pertenece, sin embargo, a un acontecimiento posterior. Según la tradición eclesiástica rusa, en la localidad de Palitsy (Палицы), en la región de Nizhni Nóvgorod, vivía una mujer llamada Ekaterina, que estava siendo atormentada por una acechanza demoníaca que le afectava espiritualmente. Después de haber hecho una promesa a la Madre de Dios, recibió su curación, pero posteriormente olvidó cumplir el voto realizado. La entidad volvió a manifestarse y la Santísima Virgen se le apareció tres veces y le indicó acudir a Nizhni Nóvgorod para encontrar al iconógrafo Grigori quien tenía una imagen de la Madre de Dios para su oración. Ekaterina obedeció y, después de venerar el icono, recuperó nuevamente la salud.
En 1641, durante el reinado del zar Mijaíl Fiódorovich Románov, una de las copias de este icono fue trasladado solemnemente desde Páliцы a Moscú. La recepción tuvo lugar en las proximidades de las Puertas de Tver (Тверские ворота). En el lugar donde fue recibido se levantó posteriormente un templo dedicado al icono y, en 1654, fue fundado el Monasterio de la Pasión (Страстной монастырь), que tomó su nombre precisamente de esta venerada imagen. El monasterio fue cerrado en 1919 por las autoridades soviéticas debido a la política oficial de lucha contra la religión y la confiscación de propiedades eclesiásticas tras la revolución; después de la desaparición del complejo monástico, el icono fue trasladado al Templo de la Resurrección de Cristo en Sokolniki, donde se conserva actualmente.
La fiesta principal de la imagen se celebra el 26 de agosto, en memoria de su traslado a Moscú en 1641. Existe además una segunda celebración en el sexto domingo después de Pascua, el Domingo del Ciego, relacionada tradicionalmente con los primeros milagros atribuidos al icono. La composición posee una extraordinaria fuerza teológica. La Theotokos sostiene al Niño Jesús sobre su brazo izquierdo y, siguiendo la tipografía de la Odigitria, dirige nuestra atención hacia Él. Pero el Niño no contempla solamente a su Madre: vuelve su rostro hacia los ángeles que presentan ante Él los instrumentos de la Pasión. En la composición aparecen la Cruz, la lanza y la esponja o caña, instrumentos que anticipan los acontecimientos del Calvario.

La Cruz anuncia el sacrificio voluntario del Señor y, paradójicamente, el instrumento de su muerte se convierte en el instrumento de nuestra salvación. La lanza recuerda el momento en que el costado de Cristo fue atravesado después de su muerte: «Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua» (Jn 19,34). La esponja, empapada en vinagre, recuerda la sed del Señor durante la Crucifixión (Mt 27,48; Mc 15,36; Jn 19,29). Así, cada instrumento funciona como una anticipación visual del Evangelio de la Pasión.
Particularmente conmovedor es el gesto del Niño. En diversas versiones de este tipo iconográfico, Cristo se vuelve hacia los instrumentos de su Pasión y se aferra con ambas manos a la mano derecha de su Madre, simbolizando su ser frajil en los momentos de su infancia. Incluso uno de sus pequeños pies aparece perdiendo o dejando caer el calzado. Este gesto expresa visualmente que el Niño contempla aquello que habrá de padecer en su humanidad. No significa que Cristo ignore su misión divina, sino que la iconografía manifiesta la realidad de su verdadera humanidad y la profundidad del misterio de la Pasión.
Aquí se comprende también la relación espiritual con la profecía de Simeón: «y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lc 2,35). Aunque la espada de Simeón no aparece literalmente en esta composición, su significado está presente: la Madre contempla anticipadamente el sufrimiento de su Hijo. La Pasión del Hijo se convierte también en el dolor de la Madre, no porque ella sea partícipe de la obra redentora como Cristo, sino porque permanece unida a Él con un amor perfecto y participa maternalmente de su sufrimiento.
Por eso, la Theotokos de la Pasión une en una sola imagen tres misterios inseparables: Encarnación, Pasión y Salvación. El Niño que descansa en los brazos de María es ya el Cristo que irá voluntariamente hacia la Cruz. La ternura de Belén contiene misteriosamente el sacrificio del Gólgota; y la Cruz que aparece como instrumento de muerte es contemplada por la Iglesia como el árbol de la Vida.
Es significativo que esta composición guarde un notable parecido con la Virgen del Perpetuo Socorro, cuyo icono fue documentado y difundido posteriormente en Occidente mostrando su origen bizantino ya que se encontraba en Creta y fue llevado a Roma por un mercader hacia el año 1498. La Theotokos de la Pasión conserva en Oriente su carácter de imagen profética de la Pasión de Cristo, mientras que la imagen conocida posteriormente como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro desarrollará una veneración propia en Occidente. Su parecido revela, por tanto, la continuidad de una antigua manera cristiana de contemplar a la Madre de Dios: aquella que sostiene al Hijo y, al mismo tiempo, permanece junto a Él ante el misterio de la Cruz.






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