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✨ El Joven Rico / Domingo 11 Post-Pentecostés/ TONO 2

23 ago
6 min de lectura

Boletín ortodoxo Nro. 914/ Año XIX-13
Boletín ortodoxo Nro. 914/ Año XIX-13

✨ El Joven Rico /

Domingo 11 Post-Pentecostés/ TONO 2

EPÍSTOLA:

1Corintios 15:1-11

EVANGELIO:

Mateo 19:16-26

COLOR LITÚRGICO:

Blanco

            Pablo insiste en que el Evangelio que predica no es invención suya sino que es un acontecimiento confirmado por una nube de testigos que lo vieron vivo después de la muerte. Él lo recibió de un hecho histórico que transformó la vida de quienes lo presenciaron. Pedro, los Doce, los quinientos hermanos, Santiago, todos los apóstoles y finalmente él mismo: esta cadena de testigos es la columna vertebral de la fe.


En el evangelio, Jesús se encuentra con un joven que busca la vida eterna. Este joven no es un pecador público ni un hombre indiferente. Es alguien que ha cumplido los mandamientos desde su juventud, alguien que desea sinceramente agradar a Dios. Pero su búsqueda está marcada por una expectativa equivocada: cree que la vida eterna se obtiene mediante una instrucción, una norma, una obra particular que pueda realizar sin perder el control de su vida. Piensa que Jesús le dará una tarea acorde a su situación económica, tal vez una obra de caridad, una contribución generosa, un servicio especial. Pero Jesús, que conoce el corazón, le pide algo que él no esperaba: vender sus bienes, darlos a los pobres y seguirlo. No porque la riqueza sea mala, sino porque en el corazón del joven la riqueza ocupa el lugar que solo Dios debe ocupar.


En este pasaje vemos a un Dios que aborda nuestros sentimientos de forma particular, también encontramos varios pasajes en los que Jesús se encuentra con personas adineradas y, no vemos que Él haya pedido a esos ricos que vendieran sus propiedades. Podemos recordar que comía con ellos, recibió su hospitalidad y su apoyo, y citamos a: María, a Martha, a zaqueo el publicano que, no eran gente pobre; hasta el punto de que la tumba en que fue sepultado Jesús pertenecía a José de Arimatea, hombre adinerado y miembro del Sanedrín. La Escritura no condena la riqueza en sí misma, sino el apego que impide reconocer la autoridad de Dios sobre la vida. Por eso la exigencia al joven rico es una intervención directa en un corazón que buscaba manipular a Dios, que quería ganarse la vida eterna sin renunciar a su autonomía. Jesús le pide lo único que él no quiere entregar: el control de su vida. Y al no poder hacerlo, se marcha triste. La tristeza es el signo de un corazón dividido, que ha escuchado la llamada, pero no ha tenido la valentía de responder.


Esta escena refleja la actitud de muchos jóvenes de hoy, y también de muchos adultos. Buscan a Dios, buscan sentido, buscan vida eterna, pero quieren seguir a Cristo sin perder nada, sin dejar nada, sin arriesgar nada. Quieren una fe que no toque sus bienes, sus planes, sus comodidades. Quieren instrucciones claras, quieren saber qué hacer, pero no quieren nada que los saque de su zona de confort. Y así como el joven se alejó entristecido, muchos hoy se alejan porque Cristo no ofrece una vida cómoda, sino que exige libertad interior y desapego. La fe cristiana no es un conjunto de normas para mantener la vida bajo control, sino una entrega confiada a la voluntad de Dios.

La riqueza es un don que puede convertirse en bendición cuando de manera sabia se usa para el bien, pero también puede convertirse en un obstáculo cuando se convierte en un ídolo. Jesús no condena al rico por ser rico, sino por confiar en sus riquezas más que en Dios. El pobre, en cambio, está en una mejor posición espiritual para aceptar el evangelio, porque no tiene dónde apoyarse fuera de Dios. El rico puede acudir a sus bienes para protegerse de la pobreza espiritual.


Las mejores cosas de la vida no están relacionadas con la riqueza. La salud, la amistad, la familia, el amor, la belleza de la naturaleza, la paz interior: todo esto puede ser disfrutado tanto por el pobre como por el rico. La verdadera pregunta es: ¿Cuál es el papel que desempeñan las posesiones en nuestra vida?. Si las usamos para obtener posición social, seguridad personal, poder sobre otros, o si las recibimos como gracia y bendición de Dios para cumplir tareas y misiones que construyen el Reino. Jesús no dice que las posesiones sean malas, pero sí define claramente dónde debe estar nuestro enfoque: buscar primero el Reino de Dios y su justicia, y confiar en que lo demás será añadido.


Cuando Jesús habla del camello y el ojo de la aguja, usa una imagen deliberadamente exagerada para causar una impresión fuerte. Quiere que sus discípulos reconozcan que las riquezas pueden ser un gran obstáculo para la salvación. Pero inmediatamente añade que para Dios nada es imposible. Con la obra del Espíritu Santo, incluso los ricos pueden reconocer su pobreza espiritual, arrepentirse y seguir a Cristo. La salvación no depende de la cantidad de bienes, sino de la disposición del corazón.

 

🕯️ Vida de los Santos Mártires (258 d.C.)

Lorenzo el Archi-diácono y El Papa Sixto II de Roma



            En los primeros siglos, la Eucaristía cristiana no se celebraba todavía en las grandes basílicas cómo las conocemos hoy. Las comunidades se reunían principalmente en casas adaptadas para el culto y, en tiempos de persecución, en lugares discretos. No debemos imaginar a todos los primeros cristianos reunidos en una sola asamblea multitudinaria. La Iglesia estaba ya formada por pequeñas comunidades locales distribuidas por toda la Europa del siglo II, y ya estaban establecidas bajo los obispos, sus presbíteros, diáconos y con una sucesión apostólica muy marcada. La Eucaristía era el centro de esa unidad, Se proclamaban las Escrituras, el obispo exhortaba al pueblo, se elevaban oraciones y se cantaban los salmos, se presentaban el pan y el vino, y quien presidía pronunciaba la acción de gracias. Después, los diáconos asistían en la distribución de la Eucaristía y llevaban también el Sacramento a quienes no habían podido participar. Así, aunque fueran muchas comunidades, existía una única Iglesia y una misma comunión eucarística.


San Sixto II (Papa de Roma)
San Sixto II (Papa de Roma)

            En este ambiente vivió San Sixto II, obispo de Roma entre los años 257 y 258. Las fuentes antiguas lo presentan como un cristiano de origen griego, aunque su procedencia exacta no puede establecerse con absoluta seguridad. Fue elegido en un momento en que la persecución imperial comenzaba a dirigirse especialmente contra estos predicadores. El emperador romano Valeriano publicó medidas contra el clero y las reuniones cristianas, y Sixto sabía que permanecer al frente de la Iglesia significaba aceptar la posibilidad del martirio. Su ministerio puede contemplarse a la luz de las palabras de san Pablo: *«Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié»* (1 Co 15,1). Pablo resume allí la fe recibida y transmitida: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día (1 Co 15,3-4) y así como Pablo, Sixto no defendió una idea abstracta; custodió ese Evangelio que recibido de los Apóstoles hasta entregar su propia vida. El 6 de agosto del año 258 fue apresado mientras se encontraba con su comunidad y fue martirizado junto con los diáconos Felicísimo y Agapito. Su muerte se convirtió para la Iglesia en un testimonio de que la resurrección de Cristo era más fuerte que la amenaza de la muerte.

San Lorenzo (Archidiácono)
San Lorenzo (Archidiácono)

Entre sus servidores se encontraba el archidiácono Lorenzo,

responsable de importantes servicios de la Iglesia, incluida la administración de sus bienes y la atención de los pobres. La tradición cuenta que, al enterarse de que Sixto era conducido al martirio, Lorenzo quiso acompañarlo. Sixto le anunció que pronto lo seguiría, tradición que sitúa su martirio tres días después. Aquí podemos relacionar el Evangelio del joven rico: *«Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes y dáselo a los pobres»* (Mt 19,21). Cuando las autoridades exigieron a Lorenzo los tesoros de la Iglesia, él reunió a los pobres, enfermos y necesitados y los presentó como sus verdaderos tesoros. De este modo, su vida interpretó literalmente el Evangelio: la riqueza de la Iglesia no estaba en oro y plata, sino en Cristo presente en los pequeños y necesitados.


El 10 de agosto de 258 Lorenzo fue martirizado. Los detalles de sus tormentos y de sus últimas palabras pertenecen principalmente a la tradición hagiográfica posterior, pero su martirio está sólidamente atestiguado. Sixto y Lorenzo permanecieron así unidos en aquello que la Iglesia había recibido de Cristo: anunciar la muerte y resurrección del Señor y entregar los bienes de este mundo al servicio de los pobres. Uno como obispo y el otro como diácono, ambos hicieron de la Eucaristía una vida ofrecida y del martirio una confesión de fe en las palabras de Cristo:

*«Para Dios todo es posible»*

(Mt 19,26).

 

Santoral

Domingo 12 Post-Pentecostés/ TONO 3


Domingo 23: 

Lorenzo Diácono y El Papa Sixto II de Roma- Mártires, (258 d.C.)

(1 Cor 15: 1-11/Mt 19: 16-26)


Semana 13 Post-Pentecostés/Tono 3

Lunes 24: 

Mártir Susana y con ella el Hieromártir Gayo, Papa de Roma (295 d.C.)

(2Cor 8:7-15/Mc 3:6-12)

Martes 25: 

Hieromártir Alejandro Comansky (Siglo III)

(2Cor 8:16-9:5/Mc 3:13-19)

Iconos- vigen- Site Flechas (Семистрельная) y la Apasionada (Страстна́я)

Miércoles 26: 

Deposición- Relqu- Máximo el Confesor

(Heb 7:26-8:2/Mt 5:14-19)

(2Cor 9:12-10:7/Mc 3:20-27)


Jueves 27: 

Profeta Miqueas (siglo VII a.C)

(Ep: Gal 5:22-6:2/ Ev: Lc 6:17-23)

(2Cor 10:7-18/Mc 3:28-35)


Viernes 28: 

DORMICIÓN DE LA THEOTOKOS 

(Fil 2:5-11/Lc 10:38-42; 11:27-28)

(2Cor 11:5-21/Mc 4:1-9)


Sábado 29: 

Trasl-Edesa a Constnpla/Icono-Faz de Cristo

(Col 1:12-18/Lc 9:51-56,10:22-24)

(1Cor 2:6-9/Mt 22:15-22)

 
 
 

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