🙏🏻 Domingo del Juicio Final/TONO 3 😇
- ☦️ Rev_P. Estefan

- hace 5 días
- 6 Min. de lectura

3° Semana Preparatoria a Gran Cuaresma
EPÍSTOLA:
1Cor 8: 8; 9:2
EVANGELIO:
Mt 25: 31-46
COLOR LITÚRGICO:
Azul
“El Juicio Final”
En estos domingos que nos preparan para la Gran Cuaresma, la Iglesia nos ha ido mostrando un camino de descenso al corazón. Primero escuchamos la parábola del fariseo y el publicano, donde aprendimos que el verdadero arrepentimiento no nace de la autosuficiencia, sino de la humildad que reconoce su necesidad de Dios. Luego contemplamos al hijo pródigo, que descubre que la conversión no es un castigo, sino el regreso a la casa del Padre, donde la misericordia siempre precede al juicio. Y ahora, la Iglesia nos recuerda que el arrepentimiento no es solo un sentimiento interior, sino una forma concreta de amar. En estos tres domingos se revela el mismo mensaje: sin humildad, sin retorno, sin misericordia, el ayuno se vuelve un rito vacío. Pero cuando el corazón se abre, el ayuno se convierte en camino de libertad, de reconciliación y de vida nueva.
El ayuno que agrada a Dios: nunca ha sido simplemente la abstención de carne, lácteos o alimentos considerados impuros por leyes humanas. Ese tipo de ayuno puede ser un signo, pero no es el corazón. El verdadero ayuno es el que toca la vida, el que purifica el corazón, el que nos vuelve más semejantes a Cristo. Ayunar es aprender a renunciar a aquello que nos domina, a lo que nos distrae, a lo que nos encierra en nosotros mismos. Hoy, más que nunca, necesitamos un ayuno que vaya más allá del plato: un ayuno de tecnología cuando se convierte en ruido que nos impide escuchar; un ayuno de críticas y palabras duras que hieren al hermano; un ayuno de autoritarismos y abusos de poder que destruyen la comunión; un ayuno de quejas que oscurecen la gratitud. Ayunar es también hacer las paces con el enemigo, visitar al enfermo, ahorrar para compartir, dejar de vivir para uno mismo.
San Pablo nos ayuda a comprender este camino cuando dice que “la comida no nos hace más agradables a Dios”. No está despreciando la disciplina, sino recordándonos que lo esencial no está en lo que entra por la boca, sino en lo que sale de ella; porque viene del corazón. La comida es indiferente, pero el amor no lo es. Pablo enseña que la libertad cristiana solo es verdadera cuando se vive como entrega. San Pablo, que tenía derechos como apóstol, renunció a ellos para no herir a nadie. La comunidad misma debe ser el sello de nuestro apostolado, no porque se reclamen privilegios, sino porque es entregar la vida por el rebaño. Así, la renuncia no es debilidad, sino la forma más alta de autoridad: la que nace del amor que se ofrece.
El Evangelio nos lleva aún más lejos cuando Jesús describe el juicio final. Los justos no sabían que habían hecho algo extraordinario; simplemente vivían la misericordia como quien respira. Los otros, en cambio, tampoco sabían que habían fallado; vivían encerrados en sí mismos. El juicio no es un examen sorpresa, sino la revelación de lo que cada uno ha elegido: abrirse al otro o vivir para sí. Cristo ya está reinando, sentado a la derecha del Padre, pero su manifestación final será un acontecimiento Visible y Glorioso. Sin embargo, cada acto de amor o de indiferencia anticipa ese día, porque Cristo se identifica con el necesitado. La parusía comienza en cada rostro vulnerable.
Los Santos Padres nos recuerdan que todos necesitamos misericordia. No porque todos seamos igualmente culpables, sino porque toda criatura vive sostenida por la compasión de Dios. San Isaac el Sirio dice que “La misericordia es la vestidura de la Divinidad”. Quien no la necesita ya no sería criatura, Por eso; mientras estamos en este mundo, la puerta permanece abierta, y cada encuentro es tiempo de conversión. San Basilio añade que el pobre es aquel que necesita del otro, y en ese sentido todos somos pobres. Cuando ayudamos, no lo hacemos desde arriba, sino desde la conciencia de que compartimos la misma fragilidad.
A veces la misericordia se vuelve difícil, especialmente cuando hemos sido heridos. Si alguien nos ha robado, la herida es real. Pero la visita al que está preso —si llega a darse— no nace del deber, sino de un corazón sanado que se niega a vivir en la cárcel del resentimiento.
Y cuando el daño ha sido colectivo, cuando una familia o un pueblo entero ha sido traicionado, la justicia clama. San Basilio dice que ese pecado no puede tratarse como una falta privada, hace falta verdad, reparación, conversión real es por eso que el perdón no borra la historia, pero puede transfigurarla.
Por eso el ayuno verdadero no es un rito vacío; es un camino de libertad, de renuncia, de misericordia; es aprender a vivir como Cristo, que siendo Señor de todo se hizo siervo para que nadie se perdiera. Que este ayuno nos devuelva la capacidad de amar sin medida, de reconocer al Señor en cada hermano y de preparar, con nuestras obras, la venida gloriosa del Rey que ya está a la puerta.
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO
(ENCUENTRO DE NUESTRO SEÑOR JESÚS)

EPÍSTOLA:
Hb 7:7-17
EVANGELIO:
Lc 2:22-40
COLOR LITÚRGICO:
Azul
Cuarenta días después de nacer, Cristo fue presentado a Dios en el Templo de Jerusalén, conforme a la ley mosaica. Al mismo tiempo, su madre se sometió a la purificación ritual, y ofreció a Dios los sacrificios prescritos por la ley judía. Por lo tanto, cuarenta días después de la Natividad, la Iglesia Ortodoxa celebra la fiesta de la presentación, llamada el Santo Encuentro de Cristo en el Templo. El acontecimiento principal de esta fiesta es el encuentro de Cristo con el anciano Simeón y la profetisa Ana. (Lc 2,22-38) A Simeón “le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (Lc 2,26) e, inspirado por el mismo Espíritu, fue al Templo donde encontró al Mesías. Lo tomó en sus brazos, y proclamó las palabras que hasta el día de hoy son cantadas al final de cada oficio de Vísperas:
Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, y gloria de Tu Pueblo Israel. (Lc 2,29-32).
En este momento Simeón también predijo que Jesús sería “señal de contradicción” (Lc 2,34) y que Él “está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel.” También predijo los sufrimientos de María a causa de su Hijo. (Lc 2,35) La profetisa Ana también estuvo presente y, habiendo dado gracias a Dios, ella “hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.” (Lc 2,38).
La celebración del Encuentro del Señor en el Templo no es una mera conmemoración histórica. Inspirados por el mismo Espíritu que inspiró a Simeón, y llevados por el mismo Espíritu hasta la Iglesia del Mesías, los miembros de nuestra Santa Iglesia también afirman su propio “ENCUENTRO CON EL SEÑOR”, e igualmente pueden dar testimonio de que ellos pueden irse “en paz” pues sus ojos han visto la salvación de Dios en la persona de Cristo.
Troparion - Tono 1
Alégrate, llena de gracia, Virgen Madre de Dios,/ porque de ti ha brillado el Sol de justicia, Cristo nuestro Dios,/ que ilumina a los que están en tinieblas./Alégrate también tú, justo anciano,/ que recibiste en tus brazos al Libertador de nuestras almas,/el que nos concede la resurrección.
Kontakion - Tono 6
Tú que santificaste el seno virginal con tu nacimiento/ y bendijiste las manos de Simeón como era debido,/nos has precedido ahora, Cristo Dios,/y nos has salvado./ Afirma en la paz a los que te aman
Santoral
DOMINGO DE LA CARNE/JUICIO FINAL/ TONO 3
Domingo 15:
ENCUENTRO DE NUESTRO SEÑOR JESÚS
(1 Cor 8:8-9:2/Mt 25: 31-46)
3° Semana Preparatoria a Gran Cuaresma/Semana del Queso
Lunes 16:
Simeon el teólogo recibidor de Dios/Ana la profetisa
(Hb 9:11-14/ Lc 2:25-38)
(3°Jn 1:1-15/Lc 19:29-40,22:7-39)
Martes 17:
Isidoro de Pelusa Mj
(Jd 1:1-10/Lc 22:39-42,45-23:1)
Miércoles 18:
Agueda de Catania Mr/ Teodosio
(Joel 2:12-26/Joel 3:12-21)
Apódisis del Encuentro
Jueves 19:
Cirilo/ Búculo Ob-Esmirna/ Fausta
(Jd 1:11-25/Lc 23:1-34,44-56)
Viernes 20:
Parthenius Ob-IV
(Zac 8:7-17/Zac 8:19-23 (En Visperas)
Sábado 21:
Teodoro Stratilita Gr-Mr/ Zacarias Prof-IV a.C.
(Rom 14:19-26/Mt 6:1-13)








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