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🌊Domingo 9 Posterior a Pentecostés/ TONO 8🌊

2 ago
6 min de lectura
Boletín ortodoxo Nro. 910/ Año XIX-09
Boletín ortodoxo Nro. 910/ Año XIX-09

EPÍSTOLA:

1Corintios 3:9-17

EVANGELIO:

Mateo 14:22-34

COLOR LITÚRGICO:

Dorado


☦️

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

 

Las lecturas de este día nos revelan un único misterio contemplado desde dos perspectivas: la Iglesia como templo santo edificado sobre Cristo, y la fe del discípulo que camina hacia Él en medio de la tormenta. En la Epístola, San Pablo nos recuerda que la Iglesia no es obra humana, sino el edificio de Dios. En el Evangelio, contemplamos a Cristo caminando sobre las aguas y a Pedro avanzando hacia Él sostenido por la gracia. Ambas imágenes se iluminan mutuamente, porque la Iglesia permanece firme únicamente cuando tiene como fundamento a Cristo y cuando mantiene su mirada fija en Él.


El Apóstol proclama: “Vosotros sois colaboradores de Dios; vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.” Con estas palabras destruye toda pretensión de considerar la Iglesia como una institución nacida del esfuerzo humano. El pastor trabaja, enseña y sirve, pero el verdadero arquitecto es Dios. Por eso añade: “Nadie puede poner otro fundamento que el ya puesto, que es Jesucristo.” Allí donde Cristo deja de ser el centro, comienza la ruina espiritual. Podemos construir templos magníficos y desarrollar grandes obras, pero si Cristo no es el fundamento, todo será probado por el fuego del juicio.


San Juan Crisóstomo interpreta los materiales mencionados por Pablo —oro, plata y piedras preciosas frente a madera, heno y paja— como las distintas formas de edificar el ministerio cristiano. El oro representa la doctrina apostólica, la humildad y el amor sacrificial; la paja representa la vanagloria, la división y la enseñanza adulterada. San Basilio recuerda que el templo del cual habla el Apóstol no es sólo el edificio material, sino la comunidad santificada por el Espíritu. Cada bautizado es una piedra viva de ese templo, y cada parroquia forma parte del único edificio levantado por Dios. Por eso la advertencia es tan severa: “Si alguno destruye el templo de Dios, Dios le destruirá a él.” Destruye el templo quien divide, quien manipula la verdad, quien convierte el ministerio en instrumento de poder o quien reemplaza la enseñanza apostólica por opiniones personales.


En este contexto comprendemos mejor el Evangelio. Los discípulos navegan de noche mientras el viento golpea la barca. La barca es la imagen de la Iglesia peregrina en el mundo. Las olas representan las persecuciones, las tentaciones y sus confusiones; la noche simboliza la oscuridad espiritual que envuelve al hombre cuando intenta caminar sólo con sus fuerzas.


Mientras tanto, Cristo permanece en la montaña orando; en comunión con el Padre, observando a los discípulos desde otra perspectiva. Desde allí contempla su lucha contra el viento. Es una imagen admirable de la providencia divina: el Señor observa a su Iglesia desde un ángulo que nosotros no tenemos. Mientras los discípulos sólo ven las olas y el peligro inmediato, Cristo contempla el camino completo. Él nunca pierde de vista a su Iglesia, aunque ésta experimente momentos en los que parece navegar sola. Su aparente ausencia no significa abandono, sino una pedagogía de amor que fortalece la fe de quienes aprenden a confiar incluso cuando no perciben inmediatamente su presencia.


Cuando Jesús se acerca caminando sobre las aguas, los discípulos no lo reconocen. Lo confunden con un fantasma. También nosotros podemos cometer el mismo error. Hay momentos en los que Dios llega a nuestra vida de manera inesperada: mediante una prueba, una enfermedad, una dificultad económica o una corrección fraterna. Entonces pensamos que Dios se ha alejado, cuando en realidad es Cristo quien viene a nuestro encuentro. El miedo nos impide reconocer que el Señor está obrando precisamente allí donde nuestra seguridad humana comienza a desaparecer.


Pedro, sin embargo, se atreve a pronunciar una petición extraordinaria: “Señor, si eres Tú, mándame ir hacia Ti sobre las aguas.” No salta impulsivamente; espera la palabra de Cristo. Sólo cuando escucha el mandato “Ven”, abandona la seguridad de la barca. Aquí se revela la pedagogía divina: el Señor permite que la barca con los otros discípulos permanezca sola durante un tiempo. Esa espera forma parte de la educación espiritual. La fe madura cuando Dios parece guardar silencio. Mientras todo marcha bien, es fácil decir que creemos; pero cuando la respuesta tarda y el viento arrecia, salen a la luz nuestras debilidades. No porque Dios quiera humillarnos, sino porque desea purificar nuestra confianza. Las pruebas no destruyen la fe auténtica; la refinan como el oro en el fuego.


Pedro camina sobre las aguas porque responde obedientemente a la palabra de Cristo. Su fuerza no nace de sí mismo, sino de la energía divina que actúa en quien permanece unido al Señor. Pero cuando aparta la mirada de Cristo y comienza a fijarse en el viento, empieza a hundirse. Así ocurre también con nosotros: dejamos de mirar al Señor y comenzamos a mirar las dificultades, las divisiones, los problemas económicos, nuestras debilidades y los pecados ajenos. Entonces la tormenta ocupa el lugar que sólo Cristo debería ocupar en nuestro corazón.


¿Qué significa hoy caminar sobre las aguas?: No se trata de un milagro extraordinario del pasado. Cada cristiano está llamado a caminar sobre las aguas cuando permanece firme en Cristo en medio de las dificultades ordinarias de la vida. Camina sobre las aguas el hijo que vuelve a reconciliarse con sus padres y descubre la paz del hogar. Camina sobre las aguas el matrimonio que persevera unido cuando el mundo propone la división. Camina sobre las aguas quien trabaja honestamente y recibe de Dios el pan de cada día. Camina sobre las aguas quien administra con rectitud los bienes que Dios le concede y comparte generosamente con los pobres. Camina sobre las aguas quien cultiva la inteligencia y pone sus talentos al servicio de los demás. En todos estos casos, el verdadero milagro consiste en permanecer obedientes a Cristo, descubriendo que su gracia hace posible aquello que nuestras solas fuerzas no podrían realizar.


La pregunta que hoy nos dirige el Evangelio no es si caminaremos físicamente sobre el agua, sino sobre en qué; o en quién estamos apoyando nuestra vida. Si descansamos sólo en nuestras capacidades, nos hundiremos. Pero si apoyamos toda nuestra existencia sobre la palabra de Cristo, podremos atravesar las tormentas con la certeza de que la mano del Señor nunca deja de sostener a quienes claman: “¡Señor, sálvame!”


Aquí se revela el puente con la Epístola: «San Pablo dice que somos “colaboradores de Dios”. Pedro no caminó solo; colaboró con la gracia respondiendo al llamado de Cristo.» Esa es la sinergia: Dios llama, el hombre responde; Dios concede la gracia, el hombre coopera libremente. Así se edifica el templo santo y así se camina sobre las aguas.


Cristo está entre nosotros/

Estuvo, Está y Estará

Amén.


+El profeta Elías (Siglo IX a.C)


Pof. Elias
Pof. Elias

  El profeta Elías vivió en el siglo IX a.C., durante el reinado de Ajab (874–853 a.C.) en el Reino del Norte. La Biblia lo presenta como un hombre de fuego, defensor radical del monoteísmo en tiempos de idolatría. Su primera aparición cómo profeta es abrupta: «Vive el Señor… no habrá lluvia sino por mi palabra» (1Re 17,1). Con esta sentencia inicia una sequía que revela la impotencia de Baal. Dios lo sostiene milagrosamente junto al arroyo Querit y en la casa de la viuda de Sarepta, donde la harina y el aceite no se agotan (1Re 17,14–16). En el Monte Carmelo, Elías convoca al pueblo y a los sacerdotes de Baal. Su oración hace descender el fuego del cielo: «Respóndeme, Señor» (1Re 18,37). Después anuncia la lluvia y contempla la pequeña nube que anuncia misericordia (1Re 18,44). Perseguido por Jezabel, huye al desierto y llega al Horeb, donde descubre que Dios se manifiesta en el susurro de una brisa suave (1Re 19,12). Finalmente, es arrebatado en un carro de fuego alrededor del año 850 a.C. (2Re 2,11). Elías enseña una fidelidad absoluta a Dios, gran valentía para denunciar el error, confianza en la oración y capacidad de reconocer a Dios tanto en el fuego como en la ternura.

 

TROPARIO Tono 8

Descendiste de las alturas oh compasivo,

aceptaste ser sepultado por tres días,

por salvarnos de nuestro sufrimiento.

Vida y resurrección nuestra

Señor. ¡Gloria a ti!

 

THEOTOKIO Tono 8

Tú que por nuestra causa naciste de una Virgen,

oh Bondadoso y sufriste la crucifixión

destruyendo la muerte por la muerte,

y siendo Dios, manifestaste la resurrección.

No desprecies las obras de Tus manos.

Muestra Tu amor a los hombres, oh misericordioso.

Recibe la intercesión hecha por nuestra causa por la Madre de Dios, que Te dio a luz, y salva a Tu angustiado pueblo,

oh, Salvador nuestro.

 

KONTAkIO Tono 8

Habiéndote levantado de la tumba,

Tú has dado vida a los muertos y has levantado a Adán.

Y Eva se regocija por Tu resurrección.

Y todos los confines de la tierra están triunfantes a causa de Tu resurrección de entre los muertos,

oh Tú que eres grande en misericordia.


Santoral

Domingo 9 Post-Pentecostés/ TONO 8      

Domingo 2: 

Prof. Elías S.IX.a.C.

(Sgo 5:10-20/Lc 4:22-30)/

Icono Virgen del Signo (Абалацкая)          

(1Cor 3:9-17/Mt 14:22-34)


Semana 10 Post-Pentecostés/Tono 8

Lunes 3:    

Prof. Ezequiel S.VI a.C.

(1 Cor 5:9-6:11/Mt 13:54-58)

(1Cor 15:12-19/Mt 21:18-22)


Martes 4: 

María Magdalena isoapostolica

(1 Cor 9:2-12/Lc 8:1-3)

(1Cor 15:29-38/Mt 21:23-27)


Icono- Madre de Dios de Pochaev (1675)(Почаевская)

Miércoles 5: 

Trofimio, Teófilo y 13 compañeros Mártires (Siglo IV)

(1Cor 16:4-12/Mt 21:28-32)


Jueves 6: 

Boris y Gleb (Bautizados David y Romano)/ Príncipes Rusos (1015).

(2Cor 1:1-7/Mt 21:43-46)

Viernes 7: 

Dormición St. Ana Madre-Theotokos

(Gal 4:22-31/Lc 8:16-21)

(2Cor 1:12-20/Mt 22:23-33)


Sábado 8: 

Hermolao y compañeros Mártires de Nicomedia

(Rom 15:30-33/Mt 17:24-18:4)

 
 
 

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