🌊Semana 5 Post. Pascua/ LA SAMARITANA /TONO 4
- Arch.D_Estefan

- hace 3 días
- 5 Min. de lectura

EPÍSTOLA:
Hechos 11:19-26,29-30
EVANGELIO:
Juan 4:5-42
COLOR LITÚRGICO:
Rojo
Al escuchar el Evangelio de la Samaritana, siento que Cristo se sienta también junto al pozo de mi propia vida. El texto comienza con una pregunta: “¿Alguna vez has tenido bastante sed?”. No solo sed física, sino esa sed interior que nos acompaña incluso cuando todo parece estar en orden. Jesús llega al pozo de Jacob “a las 12 del mediodía; hacía calor”, y cansado del camino; se sienta. Imagino al Maestro esperándome, no por casualidad, sino porque Él conoce la hora de mi cansancio, mis mediodías de soledad, mis búsquedas que no terminan de saciar. Como la mujer samaritana, también he ido muchas veces a los pozos equivocados, cargando cántaros que pesan más por dentro que por fuera.
Cuando Jesús me dice “Dame de beber”, entiendo que Él no pide para recibir, sino para dar. Él abre un diálogo desde la humildad, desde la cercanía, desde la humanidad. Y, como la mujer, podría responder: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí?”. ¿Cómo tú, Señor, te acercas a mí, que tantas veces te he fallado?, Pero Cristo no entra en polémicas, no recuerda mis divisiones, no me reprocha mis historias. Me dice: “Si conocieras el don de Dios… tú le habrías pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”. Y yo descubro que mi sed más profunda no es de cosas, ni de afectos, ni de logros, sino del Espíritu Santo, esa “agua viva que brota hasta la vida eterna”.
Como la mujer, tampoco entiendo de inmediato. Me quedo en lo material, en lo rápido, en lo que puedo controlar. Entonces Cristo toca mi herida: “Anda, llama a tu marido”. Y, como ella, debo reconocer mis verdades, mis fracturas, mis búsquedas afectivas, mis apegos, mis incoherencias. Pero el texto es claro: Jesús “no condena, no amenaza ni intimida; todo lo que Él hace es invitar, desafiar y reafirmar”. Así también nos trata. Él revela nuestra vida no para humillar, sino para liberarnos. La ortodoxia enseña que la gracia solo actúa donde hay verdad interior. Y en ese momento, cuando dejamos de escondernos, comienza la conversión.
La mujer cambia de tema y pregunta por el culto: ¿dónde se debe adorar a Dios? Yo también he preguntado muchas veces por formas, por lugares, por ritos, por estructuras. Pero Cristo me responde: “La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén se adorará al Padre… Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad”. Comprendo entonces que la verdadera adoración no es un lugar, sino un estado del corazón; no es un rito vacío, sino una vida transformada. La Divina Liturgia es precisamente eso: El cielo y la tierra unidos, el Espíritu actuando en mí, la verdad que me libera.
Cuando la mujer menciona al Mesías, Cristo se revela diciendo: “Yo soy el Mesías, el que habla contigo”. Y yo siento que esas palabras también me son dirigidas. Él no se revela a los perfectos, sino a los sedientos. No a los puros, sino a los que buscan. No a los que tienen respuestas, sino a los que se atreven a escuchar. La ortodoxia ve en esto la universalidad de la salvación: Cristo se revela primero a quien el mundo desprecia.
La mujer deja su cántaro y corre al pueblo. Como ella; también debemos dejar los cántaros: las inseguridades y "las seguridades del mundo"; las máscaras, las viejas búsquedas. La Samaritana, que era motivo de vergüenza, se convierte en apóstol. Yo, que tantas veces he sido incoherente, también puedo convertirme en testigo. El pueblo, después de escuchar a Jesús, le dice: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído, y vemos que Él es el Salvador del mundo”. Y deseo que quienes me rodean puedan decir lo mismo al ver mi vida transformada.
Aquí la Epístola ilumina el Evangelio: en Hechos 11, los discípulos dispersados por la persecución llevan el Evangelio hasta Antioquía. Lo que parecía derrota se convierte en misión. Así las heridas, los fracasos, pueden convertirse en anuncio si dejo que Cristo los toque. En Antioquía, dice la lectura, “fueron llamados por primera vez cristianos”. Y muchos llevamos “un cristianismo de nombre”, un “síndrome del saco vacío”, bautizados pero sin activar las obligaciones del sacramento. La Samaritana nos confronta: ¿soy cristiano solo de palabra, o de encuentro? ¿He bebido del agua viva, o sigo buscando en pozos que no sacian?
La Epístola también habla de la colecta para los hermanos de Judea. La comunidad de Antioquía, recién nacida, ya vive la caridad concreta. Comprendo que la fe verdadera siempre se vuelve servicio. El Señor quiere servidores humildes, desde “limpiar un piso o encender una vela”. La ortodoxia insiste en lo mismo: la santidad comienza en lo pequeño, en la obediencia, en la verdad del corazón. Si he bebido del agua viva, debo convertirme en agua para otros. La Samaritana evangeliza sin miedo a las diferencias. Yo también debo anunciar sin seleccionar a quién vale la pena hablarle. “Puede ser un compañero de trabajo, un vecino, alguien en el transporte”. Que esta Pascua nos conceda esa gracia: encontrarlo, escucharlo, beberlo, anunciarlo y vivirlo.
Quinto Domingo después de Pascua:
LA SAMARITANA

Este quinto domingo dedicado a la mujer de Samaria con quien habló Cristo en el pozo de Jacob. Es tema el agua viva, y el reconocimiento de Cristo como el Mesías de Dios. Nos recuerda de nuestra vida nueva en Él. vemos que la salvación es ofrecida a todos, judíos y gentiles, varones y mujeres, santos y pecadores.
La samaritana es Santa Fotini. El Evangelio la describe como la “mujer que va en busca de agua al pozo”. Que había llevado una vida pecaminosa, que dio lugar al diálogo con Jesús; consecuencia del mismo fue un verdadero arrepentimiento, quedó perdonada de sus malas acciones, y se convirtió a la fe cristiana. Como nombre de bautismo tomó el de “Fotiní” que significa “iluminada”.
Santoral
Domingo 5 Post. Pascua/LA SAMARITANA/TONO 4
Domingo 10:
Simeón Apóstol Gn-mr, Ob Jerusalén, Pariente del Señor.
(Hch 11:19-26,29-30/Jn 4:5-42)
Semana 5 Post-pascua
Lunes 11:
Jason y Sosipatro, Apóstoles de los 70
(Hch 12:12-17/Jn 8:42-51)
Mates 2:
Santos 9 mártires de Cizico/ Simeón de Corfú Taumaturgo
(Hch 12:25-13:12/Jn 8:51-59)
Apódosis de la Pascua
Miércoles 13:
Ap. SANTIAGO hijo de Zebedeo
(Hech 12:1-11/Lc 5:1-11) (Hch 13:13-24/Jn 6:5-14)
Jueves 14:
Jeremías Profeta s.VI a. C
(1Cor 14:20-25 / Lc 4:22-30) (Hch 14:20-27/Jn 9:39-10:9)
Viernes 15:
Atanasio, Arzobispo de Alejandría
(Hch 15:5-34/Jn 10:17-28)
Sábado 16:
Timoteo,su esposa Maura, Mr-Egipto/Teodosio Abad- Cavernas-Kiev
(Hch 15:35-41/Jn 10:27-38)








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