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❤️‍🩹 Domingo 10 Posterior a Pentecostés/ Tono 1 🔥Jesus sana a un Lunático

  • Foto del escritor: ☦️ Rev_P. Estefan
    ☦️ Rev_P. Estefan
  • hace 11 horas
  • 6 min de lectura

Actualizado: hace 3 minutos

Boletín ortodoxo Nro. 910/ Año XIX-09
Boletín ortodoxo Nro. 910/ Año XIX-09

Domingo 10 Posterior a Pentecostés/ Tono 1 🔥

EPÍSTOLA:

1Corintios 4:9-16

EVANGELIO:

Mateo 17:14-23

COLOR LITÚRGICO:

Dorado

 

☦️

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Hermanos, las lecturas que hoy nos presenta la Iglesia parecen hablar de dos realidades distintas: San Pablo nos muestra el sufrimiento y la humildad de los apóstoles, mientras que el Evangelio nos presenta a un padre desesperado, un hijo atormentado, unos discípulos incapaces de expulsar a un demonio y a Cristo revelando el poder de la fe. Pero, en realidad, ambas lecturas anuncian una misma verdad: “La obra de Dios no puede realizarse con nuestras propias fuerzas. El ministerio cristiano, la vida espiritual y la lucha contra el mal solamente pueden sostenerse cuando el hombre permanece unido a Cristo.

San Pablo habla con una fuerza impresionante: Dios nos ha puesto a nosotros los apóstoles en el último lugar, como condenados a muerte; porque hemos llegado a ser espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres. El Apóstol está hablando a una comunidad que había comenzado a buscar prestigio, sabiduría humana, reconocimiento y gloria. Mientras los corintios se consideraban fuertes, ricos y triunfantes, los apóstoles aparecían débiles, perseguidos, despreciados y necesitados. El contraste es intencional: el mundo mide el éxito por la grandeza exterior; Cristo lo mide por la fidelidad. Los apóstoles son servidores y administradores de los misterios de Dios, y que precisamente por haber soportado tantos sufrimientos se convierten en “espectáculo” ante el mundo. No es una humillación accidental, sino la forma concreta en que el apóstol participa de la Pasión de Cristo.

Esto tiene una consecuencia muy seria para nosotros, especialmente para quienes ejercen algún ministerio dentro de la Iglesia: la paternidad espiritual no se improvisa. Se recibe por gracia, pero se confirma mediante una vida de sacrificio. El pastor no puede pedir al rebaño una cruz que él mismo rechaza. No puede enseñar oración si él no ora; no puede enseñar ayuno si él no lucha contra sus propias pasiones; no puede hablar de humildad si busca constantemente reconocimiento. La autoridad espiritual nace de la comunión con Cristo y se verifica en la fidelidad.

Y aquí; en el Evangelio leemos a un hombre que tiene a su hijo atormentado ante los discípulos, pero ellos no pueden liberarlo. Cristo se encuentra con una generación marcada por la incredulidad y pregunta: “¿Hasta cuándo estaré con vosotros?”. Después reprende al demonio y el muchacho queda sano inmediatamente. Entonces los discípulos preguntan en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. Y Cristo responde señalando la causa: su poca fe.

Es importante comprender que estos discípulos ya habían recibido autoridad. Habían acompañado a Cristo, habían escuchado su enseñanza y habían visto sus milagros. Sin embargo, tener una misión no significa automáticamente poseer una vida espiritual suficientemente profunda para cumplirla. Podemos estar cerca de las cosas santas y, al mismo tiempo, encontrarnos espiritualmente debilitados.

Aquí aparece una advertencia para toda la Iglesia: podemos tener templos, libros, conocimientos, cargos, experiencia pastoral e incluso una larga historia de servicio, y, sin embargo, carecer de la fuerza espiritual necesaria para enfrentar determinadas batallas. La actividad exterior nunca sustituye la vida interior.

Por eso Cristo dice: “Este género no sale sino con oración y ayuno”. En la tradición ascética ortodoxa, oración y ayuno no son técnicas mágicas para hacer que Dios actúe. Son el camino mediante el cual el hombre purifica su corazón, domina sus pasiones y aprende a depender verdaderamente de Dios. La tradición espiritual insiste precisamente en esta unión: el ayuno fortalece la sobriedad y libera al espíritu de la esclavitud de los deseos, mientras que la oración orienta esa libertad hacia Dios. Por eso; el problema de los discípulos no era simplemente que les faltara una determinada fórmula, sino que necesitaban recuperar una fe viva, alimentada por la oración y el ayuno.

Y aquí podemos comprender también la imagen del muchacho lanzado al fuego y al agua. El fuego puede recordarnos las pasiones que arden dentro del hombre: la ira, la lujuria, los celos, el odio, la ambición. El agua, por otro lado, puede evocar esa tibieza espiritual que ahoga poco a poco el celo por Dios: la indiferencia, la comodidad, la preocupación excesiva por las cosas pasajeras. El enemigo busca destruir al hombre tanto mediante el incendio de las pasiones como mediante el enfriamiento del corazón.

Pero Cristo no solamente libera al muchacho: inmediatamente después anuncia su propia Pasión. “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, y le matarán, pero al tercer día resucitará”. Los discípulos se entristecen profundamente porque todavía no comprenden que la Cruz no será una derrota, sino el camino hacia la Resurrección.

Por eso, hermanos, la pregunta que estas lecturas nos hacen no es solamente: “¿Tenemos fe?”. La pregunta es más profunda: ¿Estamos cultivando nuestra fe? Porque una fe que no se alimenta se debilita. Una vida espiritual sin oración se enfría. Un cristianismo sin disciplina termina convirtiéndose en costumbre. Y una Iglesia que pierde su vida interior puede conservar muchas estructuras, pero pierde la fuerza necesaria para anunciar verdaderamente a Cristo. Necesitamos recuperar las disciplinas fundamentales de la vida cristiana: oración, ayuno, escucha de la Palabra de Dios, comunión fraterna y testimonio. No como cargas externas, sino como medios de permanecer unidos a Cristo. La oración nos mantiene delante de Dios; el ayuno nos enseña a gobernar nuestros deseos; la Palabra ilumina nuestro entendimiento; la comunión nos libra del aislamiento; y el testimonio convierte nuestra fe en vida concreta.

Que San Pablo nos enseñe la humildad del servidor; que los santos apóstoles nos enseñen la perseverancia en medio de la persecución; y que el Evangelio nos recuerde que ninguna batalla espiritual puede ser vencida sin Cristo. Porque la Iglesia no necesita cristianos que solamente parezcan fuertes ante los hombres. Necesita hombres y mujeres que, reconociendo su propia debilidad, se hagan fuertes en Cristo. Y cuando la montaña parezca imposible de mover, cuando las pasiones parezcan dominar el corazón y cuando el ministerio parezca superar nuestras fuerzas, recordemos las palabras del Señor: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza... nada os será imposible”. No porque el hombre sea poderoso, sino porque Cristo es poderoso. No porque nosotros podamos vencer por nuestras propias fuerzas, sino porque la gracia de Dios actúa en quienes perseveran humildemente en la fe, la oración y el ayuno.

☦️Cristo está entre nosotros/

Estuvo, Está y Estará Amén.

 

🕊️ San Pantaleón, Médico y Gran Mártir (305) 🔥


Uno de los Santos más venerados cómo Anárgiros —médicos que curaban sin cobrar— nació en Nicomedia hacia finales del siglo III, hijo de un padre pagano y una madre cristiana que intentó instruirlo en la fe antes de morir. Su formación médica lo llevó a destacar entre los jóvenes de la ciudad, y su habilidad llamó la atención del emperador Maximiano, quien deseaba hacerlo médico de la corte. En Nicomedia sobrevivían ocultos tres presbíteros que habían escapado de la gran persecución; uno de ellos, Hermolao, vio en el joven una disposición espiritual especial y comenzó a enseñarle el Evangelio. Pantaleón escuchaba cada día, pero aún no había tomado la decisión de bautizarse.


El acontecimiento decisivo ocurrió cuando encontró a un niño moribundo por la mordedura de una víbora; y movido a compasión, invocó a Cristo prometiendo recibir el bautismo si el niño volvía. El milagro se cumplió: el niño se recuperó y venció la muerte. Pantaleón recibió el bautismo con el nombre nuevo de “Panteleímon”, que significa “el muy misericordioso”. Desde entonces curaba gratuitamente, siguiendo el espíritu del Evangelio: “Esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn 15:17). Su caridad lo llevó a sanar a un ciego y a convertir a su propio padre, quien murió como cristiano.


Su fama despertó la envidia de otros médicos, que lo denunciaron al emperador. Panteleímon fue sometido a torturas terribles, pero permaneció firme: “Las fieras no lo atacaban, el fuego no lo quemaba y los instrumentos de tortura se rompían”. Finalmente fue decapitado en el año 305; de su cuello brotó sangre mezclada con leche, signo de su pureza y misericordia. Su reliquia principal (la cabeza), se conserva en el monasterio ruso de San Panteleímon en el Monte Athos, donde continúa siendo fuente de milagros para los fieles.

 

Santoral

Domingo 10 Post-Pentecostés/ TONO 1


Domingo 9: 

Pantaleón Medico/ Gran Mártir (305)

(2 Tim 2:1-10/ Jn 15:17-16:2)

(1Cor 4:9-16/Mt 17:14-23)


Semana 11 Post-Pentecostés/Tono 1

Lunes 10: 

Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas: Ap70-Mrs/ Ícono Virgen Odigitria de Smolensk

(2Cor 2:3-15/Mt 23:13-22)


Martes 11: 

Natividad de San Nicolás en Licia (270 d.C.) 

(2Cor 2:14-3:3/Mt 23:23-28)


Miércoles 12: 

Silas (Silvano), Apóstol de los 70 (Siglo I)

(2Cor 3:14-11/Mt 23:29-39)


Jueves 13: 

Eudócimo de Capadocia (Siglo IX)/

Vigilia Procesion Cruz.

(2Cor 4:1-6/Mt 24:13-18)


Viernes 14: 

Procesión Vivificante Cruz

(1Cor 1:18-24/Jn 19:6-11,13-20,25-28,30-35)

(2Cor 4:13-18/Mt 24:27-33,42-51)


Sábado 15: 

Trasl. Reliq. Esteban-Protomártir/

San Nicodemo

(Hch 6:8-7:5,47-60/Mt 21:33-42)

(1Cor 1:3-9/Mt 19:3-12)

 
 
 
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