🙏🏼 La Viuda de Naín 💖

Domingo 21 Post-Pentecostés/TONO 4
Padres del VII Concilio.
EPÍSTOLA:
Gálatas 2:16-20
EVANGELIO:
Lucas 7:11-16
COLOR LITÚRGICO:
Dorado
La Viuda de Naín: Cristo está entre nosotros, Mis queridos hermanos; a veces acudimos al templo con el corazón vacío, cansados, distraídos o incluso sin deseos de orar. Conocemos los sacramentos de la Iglesia, participamos de los oficios divinos, observamos los ritos sagrados y reconocemos que Dios es justo; sin embargo, podemos correr el riesgo de vivir nuestra fe como una simple observancia exterior, sin comprender plenamente el misterio de la gracia que se nos ofrece. Precisamente, san Pablo nos invita a ir más allá de una religión reducida al cumplimiento de normas: nos llama a una fe viva, centrada enteramente en Jesucristo. Por eso proclama: “y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2,20). No se trata de abandonar la vida litúrgica ni los mandamientos, sino de permitir que toda nuestra existencia sea transformada por Aquel a quien adoramos.
Esta misma verdad se manifiesta en el Evangelio de hoy. Jesús encuentra a una viuda que acompaña el cuerpo de su hijo único hacia el sepulcro. Ante el sufrimiento de aquella mujer, el Señor siente compasión, se acerca y le devuelve a su hijo. Así también, Cristo contempla nuestras caídas, nuestras tristezas y nuestras heridas espirituales. No permanece distante ante nuestra miseria, sino que se acerca para levantarnos y restaurar en nosotros la vida de la gracia. Cuando ordena al joven: “A ti te digo: Levántate” (Lucas 7,14), manifiesta su autoridad sobre la muerte y anticipa la victoria definitiva que resplandecerá en su propia Resurrección.
Es cierto que aquel joven, devuelto a la vida mortal, volvería a morir en cualquier momento. Este milagro no constituye todavía la resurrección gloriosa e incorruptible, sino que es un signo de la identidad de Cristo y de la salvación que ha venido a ofrecernos. El Señor realiza esta obra como testimonio para su pueblo, para que los presentes reconozcan la visita de Dios y glorifiquen su santo Nombre. El Evangelio nos dice que la multitud exclamaba: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros”, y que “Dios ha visitado a su pueblo” (Lucas 7,16). En Jesucristo, Dios se hace presente entre nosotros, entra en nuestra condición humana y nos abre el camino hacia la comunión con Él.
Contemplemos también la alegría de aquella madre al recibir nuevamente a su hijo. Su dolor se transforma en esperanza y su pérdida da paso al agradecimiento. En esta imagen podemos reconocer a la Iglesia, nuestra madre espiritual, que se alegra cuando sus hijos regresan a Dios, cuando un pecador se arrepiente, cuando un corazón endurecido aprende nuevamente a amar y cuando una persona vuelve a participar conscientemente de la vida sacramental. La Iglesia no vive para conservar únicamente unas formas externas, sino para conducir a los hombres al encuentro con Cristo y a su sanación, en quien encontramos la verdadera vida.
Por eso, hermanos, no nos conformemos con estar presentes en el templo: procuremos que Cristo esté presente en nuestro corazón. No recibamos los santos misterios como una costumbre vacía, sino con fe, arrepentimiento y disposición para ser transformados por la gracia divina. Que nuestra oración se convierta en comunión, nuestra participación litúrgica en entrega y nuestra fe en obras de misericordia. Así, la alegría de la Iglesia será también nuestra alegría, y nuestras vidas darán testimonio de que Dios continúa visitando a su pueblo.
Pidámosle entonces al Señor que abra los ojos de nuestro corazón para que podamos reconocer nuestras propias muertes espirituales y escuchar su voz que nos llama a la vida. Y que la Santísima Madre de Dios, la Theotokos, que conoció el dolor de contemplar a su Hijo camino de la Cruz y la alegría indescriptible de su Resurrección, interceda por nosotros, por nuestras familias, por los que están alejados de la fe y por todos aquellos que yacen en las tumbas de la desesperanza, para que alcancemos la verdadera vida en Cristo Nuestro Señor, y que le sea la Gloria Junto con el Padre, y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Conmemoración de los Santos Padres del Séptimo Concilio Ecuménico
EPÍSTOLA:
Hebreos 13:7-16
EVANGELIO:
Lucas 17:1-13

La Iglesia conmemora hoy a los Santos Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, reunidos en Nicea en el año 787 bajo el patriarcado de San Tarasio de Constantinopla, durante el reinado de la emperatriz Irene y su hijo Constantino VI. Este Concilio, en el que participaron tradicionalmente 367 Padres, refutó la herejía iconoclasta y defendió la veneración de los santos iconos, mostrando que esta práctica no constituye idolatría, sino una confesión de la verdad de la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo.
La cuestión de los iconos no era simplemente una discusión sobre imágenes materiales, sino sobre quién es Jesucristo. El Verbo eterno, invisible según su divinidad, asumió verdaderamente nuestra naturaleza humana y se hizo visible en la carne. Por eso, podemos representar a Cristo según su humanidad, sin pretender representar o circunscribir su naturaleza divina. Como enseña san Basilio el Grande, el honor tributado a la imagen pasa a su prototipo. La veneración se dirige a la persona representada (Latreía - λατρεία), mientras que la adoración corresponde exclusivamente a Dios (Douleía - δουλεία). Así, los santos Padres defendieron los iconos porque confesaron que Dios verdaderamente se hizo hombre para nuestra salvación.
Esta fidelidad encuentra eco en la Epístola a los Hebreos: “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13,8). La Iglesia no inventa una nueva verdad según las preferencias de cada época, sino que conserva y transmite la fe apostólica. Por eso, el Apóstol nos exhorta a recordar a nuestros pastores, contemplar el resultado de su conducta e imitar su fe (Hebreos 13,7). Recordar a los santos Padres significa, entonces, aprender de su firmeza doctrinal y de su fidelidad a Cristo. Pero esta fidelidad no debe quedarse en palabras: la misma lectura nos llama a ofrecer sacrificios de alabanza, practicar el bien y compartir nuestros bienes con los necesitados (Hebreos 13,15-16).
El Evangelio según san Lucas (17,1-10) nos conduce de la confesión doctrinal a la vida concreta. Cristo advierte contra el escándalo, especialmente cuando nuestra conducta puede conducir al pecado a los más pequeños. No sería coherente venerar los iconos de Cristo y, al mismo tiempo, herir al prójimo con nuestra indiferencia, nuestras palabras o nuestras acciones. Si reconocemos al Señor representado en los santos iconos, debemos aprender también a respetar la dignidad de cada persona creada a imagen de Dios.
El Señor nos manda perdonar al hermano incluso cuando vuelve a pecar contra nosotros. Este perdón no significa justificar el mal, sino renunciar a la venganza y mantener abierto el camino del arrepentimiento y la reconciliación. Por eso, los Apóstoles exclaman: “Auméntanos la fe” (Lucas 17,5). La verdadera fe no es orgullo ni autosuficiencia, sino confianza en Dios, que fortalece nuestra debilidad y nos permite realizar aquello que supera nuestras fuerzas.
Finalmente, mediante la imagen del servidor que cumple su deber, Cristo nos enseña la humildad. No debemos convertir nuestras obras en motivo de vanagloria ni pensar que podemos exigir recompensas a Dios. Todo cuanto recibimos es donde su misericordia, y nuestro servicio debe nacer del amor y de la gratitud.
La conmemoración de los Santos Padres nos recuerda, por tanto, que la verdadera ortodoxia une la rectitud de la fe con la santidad de la vida. No basta con defender las imágenes sagradas: debemos procurar que Cristo sea reconocido en nuestras acciones, en nuestro perdón y en nuestra caridad. Pidamos al Señor, por la intercesión de los Santos Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, que nos conserve firmes en la fe apostólica, nos libre del error y nos conceda vivir con humildad, misericordia y amor, para gloria de la Santísima Trinidad. Amén.
Santoral
Domingo 21 Post-Pentecostés/ TONO 4
Padres del VII Concílio.
Domingo 25:
Probo y comp Mr-Cilicia Siglo III-304/
San Cosme Ob-Maiuma Siglo VII-787
(Gal 2:16-20/Lc 17:1-13)
Lunes 26:
Icono/Madre de Dios:Iverskaya (Икона Богородицы Иверская)
San Nikita el Confesor de Constantinopla (838 d.C.)
(Col 2:13-20/Lc 7:36-20)
Martes 27:
Icono/Madre de Dios: Yakhromskaya (XV):(Яхромская икона Божией Матери)
Paraskeva Serbia (Siglo XI) /
Nazarius,Gervasius,Protasius, Kelso (SI- 54-68).
(Col 2:20-3:3/Lc 8:1-3)
Miércoles 28:
Icono/Madre de Dios: La Proveedora (Спорительница хлебов)
Eutimio de Tesalonica Mj/
Luciano de Antioquía GrMr-312
(Col 3:17-4:1/Lc 8:22-25)
Jueves 29:
San Longino el centurión Martir del Siglo I
(2Tim 2:1-10/Mt 27:33-54)
(Col 4:2-9/Lc 9:7-11)
Viernes 30:
Икона Богородицы Прежде Рождества и по Рождестве Дева
Oseas Proft-VIII-820 a.C /
Andrés de Creta Mj:Mr-Siglo VII-775.
(Col 4:10-18/Lc 9:12-18)
Sábado 31:
Ap-Ev Lucas
(Col 4:5-9,14,18/ Lc 10:16-21)
(2Cor 5:1-10/Lc 6:1-10)






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