☦️ Domingo 3 de Cuaresma/ Veneración de la Santa Cruz/ TONO 7
- ☦️ Rev_P. Estefan

- hace 2 horas
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EPÍSTOLA:
Hebreos 4:14-5:6
EVANGELIO:
Marcos 8:34-9:1
COLOR LITÚRGICO:
MORADO
“Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”
La Epístola a los Hebreos nos presenta a Cristo como el Sumo Sacerdote eterno: “Teniendo un gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, Jesús, el Hijo de Dios” (Heb 4:14). Y el Evangelio según san Marcos nos muestra a ese mismo Cristo anunciando su Pasión y llamando a sus discípulos a seguirle por el camino de la cruz: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8:34). En este Tercer Domingo de la Gran Cuaresma, la Iglesia ortodoxa coloca ante nosotros la Cruz preciosa y vivificante de nuestro Señor, para que contemplemos en ella la verdad de nuestra fe y la forma concreta de nuestra vida cristiana: Quien no esté dispuesto a aceptar a Cristo incluso en las consecuencias más extremas, que amenazan con la muerte, no puede ser su discípulo.
En medio del ayuno, la oración y la lucha interior, la Iglesia nos presenta la Cruz no como un adorno, sino como un árbol de vida. Los Santos Padres dicen que este domingo es como una sombra fresca en medio del camino. Así como un viajero cansado encuentra alivio bajo un árbol frondoso, así nosotros encontramos consuelo bajo la Cruz vivificante. San Juan Crisóstomo afirma: “La cruz está en todas partes y resplandece más que el sol”. Y verdaderamente, en la vida de la Iglesia, la cruz lo corona todo: se coloca en el centro del templo, se eleva sobre las cúpulas, se traza sobre el altar, bendice a los fieles y acompaña cada sacramento. La cruz no es un símbolo muerto, sino una realidad viva, “la invencible e incomprensible fuerza de la sagrada y vivificante cruz”, como proclaman nuestros textos litúrgicos.
La Epístola nos recuerda que Cristo es el Sumo Sacerdote que conoce nuestra debilidad: “No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades” (Heb 4:15). San Atanasio dice: “El Verbo tomó lo nuestro para darnos lo suyo; lo que no es asumido no puede ser sanado”. Cristo asumió nuestra condición humana para sanarla desde dentro. Por eso podemos acercarnos “con confianza al trono de la gracia” (Heb 4:16). Él no es un juez distante, sino el Médico divino que cura con misericordia. Y este Sumo Sacerdote no es como los sacerdotes de la antigua Ley, sino “sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Heb 5:6). Cristo no es sacerdote por sucesión, sino por naturaleza y misión divina. Melquisedec, que ofrece pan y vino, anticipa la Eucaristía, donde Cristo se ofrece a sí mismo como alimento de vida eterna.
El Evangelio nos muestra la respuesta que Cristo espera de nosotros. Primero nos llama: “Si alguno quiere venir en pos de mí…” (Mc 8:34). El Señor no arrastra, invita; no impone, propone; porque el amor verdadero no fuerza. Luego nos exhorta: “Niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Negarse a sí mismo es renunciar al yo dominado por las pasiones para recuperar la libertad del espíritu. La cruz es la victoria de la voluntad Divina sobre la voluntad egoísta. Tomar la cruz no es buscar sufrimientos, sino aceptar la voluntad de Dios por encima de la propia. Después Cristo nos previene: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” (Mc 8:36). San Gregorio el Teólogo nos recuerda: “El alma es más preciosa que todo lo visible, porque es capaz de Dios”. Aferrarse al mundo es aferrarse a lo que perece; perder el alma es perder la capacidad de amar y de conocer a Dios.
Pero Cristo no deja a sus discípulos en la dureza del camino: “Yo os aseguro que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios” (Mc 9:1). Los Padres ven aquí el anuncio de la Transfiguración, que ocurre inmediatamente después. La cruz no es el final; la gloria viene pronto. La Cruz precede a la venida del Rey. Su madero vivificante endulza los días del ayuno, que a veces son amargos por las lágrimas. Cristo nos consuela durante la travesía del desierto y nos guía hacia la Jerusalén celestial.
Por eso, en este domingo, la Iglesia nos recuerda que la Cuaresma es un tiempo en el que estamos crucificados con Cristo. Tomemos nuestra cruz: nuestras enfermedades, sufrimientos, tribulaciones, tragedias familiares, esfuerzos de fe y negaciones de nuestro ser pecaminoso. Si morimos con Cristo, también resucitaremos con Él. Su Cruz es nuestro descanso, nuestra fuerza y nuestra victoria. Y especialmente en tiempos difíciles, Él nos toma de la mano y nos conduce hacia la vida eterna.
Domingo de la Veneración de la Santa Cruz

La conmemoración y ceremonias del Tercer Domingo de Cuaresma, es paralela a las fiestas de la veneración de la Cruz (27 de septiembre) y la procesión de la Cruz (14 de agosto). Esto es debido a que durante la Gran Cuaresma estamos siendo "crucificados en la carne con sus pasiones y deseos " (Gál 5:24). En el ayuno y la oración, la preciosa y vivificadora cruz ahora es colocada delante de cada uno de nosotros para purificar nuestras almas experimentando lo que el Señor vivió durante su Pasión pero con la esperanza de la Resurrección.
Cuando se anuncia la llegada de un Rey, todos sus emblemas, tesoros y estandartes son traídos en precesión llenando a todos de alegría y regocijo; así también lo es la Venerada Cruz, como símbolo de victoria que precede la llegada triunfal de Nuestro Rey Jesucristo, llenándonos a todos de luz y refrescando nuestra alma.
El icono asociado a esta fiesta, es el utilizado en 27 de septiembre, donde el patriarca Macario está puesto en pie elevando la Cruz para su veneración, a su vez es rodeado de los Diáconos con velas, también los clérigos, Santa Helena, El emperador Constantino y los laicos; La Cruz va en una mesa rodeada de flores y por encima está la imagen de Cristo en una mandorla en representación de su gloria y bendiciendo a los que se reunieron a venerar la Cruz.
Al igual que en los servicios de veneración, las personas cantan el himno:
"Ante tu cruz oh Cristo nos prosternamos y
tu santa resurrección glorificamos",
que está inscrito en la tabla que sostiene la cruz.
TROPARIO - Tono 1-Triódion
Salva, oh Señor, a Tu pueblo y bendice Tu heredad, concede a los fieles la victo¬ria sobre el enemigo y a los tuyos guarda por el poder de Tu Cruz.
EL ISODÓN
Venid, adoremos y postrémonos delante de Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios. Sálvanos, oh Hijo de Dios, que resucitaste de entre los muertos, a nosotros que Te cantamos: Aleluya.
LOS TROPARIOS DESPUÉS DEL ISODÓN- 1°. Tono 7-octoijós-
Destruiste la muerte con tu Cruz y abriste al ladrón el Paraíso; a las Miróforas los lamentos trocaste, y a tus Apóstoles ordenaste predicar que resucitaste, oh Cristo Dios, otorgando al mundo la gran misericordia.
TROPARIO - Tono 1-Triódion-
Salva, oh Señor, a Tu pueblo y bendice Tu heredad, concede a los fieles la victoria sobre el enemigo y a los tuyos guarda por el poder de Tu Cruz.
KONTÁKIO Tono 8 -Triódion-
Yo soy Tu siervo, Madre de Dios, Te canto un himno de triunfo; Combatiente y Defensora. Te doy Gracias, Liberadora de los pesares, y como posees un poder invencible, líbrame de todas las desventuras, para que pueda exclamarte: Salve, Novia sin novio.
PROKÍMENIO- Tono 6
Salva, Señor, a Tu pueblo, bendice a Tu heredad.(verso) Yo Te invoco, Señor, Dios mío
Santoral
Domingo 2 de Cuaresma/San Gregorio Palamas/ TONO 6
Domingo 8:
Policarpo, obispo de Esmirna(167)/ Des-Rel Matrona de Moscú- 1998)
(Hb 1:10-2:3/Mc 2:1-12)
Semana 3 de Cuaresma/Lit. Presantificados
Lunes 9:
1er y 2do Encuentro de la cabeza de San Juan Bautista
(Jds 1:1-10/Lc 22:39-42,45;23:1)
(Is 8:13-9:7/Gen 6:9-22/Prov 8:1-21)
Martes 10:
San Taracio, Arzobispo de Constantinopla (806)
(Is 9:9-10:4/Gen 7:1-5/Prov 8:32-9:11)
Miercoles 3 de Cuaresma/Lit. Presantificados
Miércoles 11:
Porfirio Arz-Gaza (420)/ San Sebastian (66)
(Is 10:12-20/Gen 7:6-9/Prov 9:12-18)
Jueves 12:
Procopio de Decápolis, Confesor (c. 750)
(Is 11:10-12:2/Gen 7:11-8:3/Prov 10:1-22)
Viernes 3 de Cuaresma/ Lit. Presantificados
Viernes 13:
Basilio de Decápolis, confesor (750)
(Is 13:2-13/Gen 8:4-21/Prov 10:31- 11:12)
Sábado de Almas
Sábado 14:
Mártir Eudoxia de Heliópolis, abadesa (c. 160-170)
(Heb 10: 32-38/Mc 2: 14-17)








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